Artículo redactado a solicitud del Centro de Estudiantes de la Facultad de derecho y Ciencias Sociales de la Universidad nacional de La Plata, para su publicación en la revista de dicho organismo.
Violencia y derechos humanos, la verdad inconclusa
Escribe: Pedro J. Azcoiti [*]
En forma recurrente, el debate sobre el terrorismo de estado, la violencia de los 70, la “teoría de los dos demonios”, las leyes de exculpación, los indultos, etc. vuelve a estar sobre el tapete. Hasta existe en el mercado, una revista denominada “Lucha Armada” dedicada a abordar estos tópicos. Y es bueno que así sea, que estos temas se analicen y debatan en la búsqueda de la verdad histórica.
Desde esa perspectiva y a partir de repetidos discursos presidenciales bastante alejados –a nuestro juicio- de la realidad en materia de violencia y derechos humanos, y también de algunas actitudes un tanto sectarias -que tuvieran su punto cumbre en los dichos de Kirchner en el acto realizado el 24 de marzo de 2004 en la ESMA con motivo de la instalación en ese predio de un Museo de la Memoria, cuando dijera “Vengo a pedir perdón de parte del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades", ignorando nada menos que al trabajo de la Conadep y el juicio a las Juntas- es bueno plantearse algunas reflexiones sobre los temas aludidos, en particular para quienes vivimos como actores la política de los años 70, la posterior dictadura militar y el desarrollo de estos veintipico años de democracia.
¿Desde donde hablamos? Hablamos desde una militancia de más de treinta años en el radicalismo. La Juventud, la Franja Morada y el propio partido han sido los ámbitos en donde junto a muchísimos otros dejamos testimonio de una línea coherente en defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos.
El terrorismo de estado es sin duda la peor de las lacras. El estado, depositario del monopolio de la fuerza para preservar el estado derecho, se convierte, con la excusa de combatir al terrorismo en máximo violador de lo que debe defender: la vida, la libertad, el patrimonio de los ciudadanos y ciudadanas que conviven en su seno.
Lo reafirmamos no hay peor lacra que el terrorismo de Estado.
Creemos que no hace falta recordarlo, pero por las dudas vale la pena repasar someramente nuestra presencia en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos con Alfonsín a la cabeza. La Federación Universitaria Argentina y Centros de Estudiantes conducidos por la Franja participando en toda actividad vinculada a la defensa de los derechos humanos, al igual que la juventud radical. En infinidad de actividades con distintas organizaciones populares para preservar desde la vida y libertad de nuestros militantes hasta el trabajo en pequeños espacios de militancia que día a día se disputaban.
Dos terrorismos
Hacemos esta aclaración que bien podría ser objeto de un trabajo en particular porque hay quienes creen tener la exclusividad de la oposición a la dictadura militar, oposición en que por supuesto poco lugar le asignan a cualquier cosa con olor a radicalismo.
Volviendo al tema en cuestión, vemos que cada vez que se intenta reflexionar sobre la violencia de aquellos años, aparece como un tabú “la teoría de los dos demonios”.
Sucede entonces que condenamos al terrorismo de estado pero a partir de ahí queda bloqueada toda posibilidad de análisis sereno y reflexivo sobre la violencia de los años 70 porque pretenden hacernos caer en la trampa, con la excusa de los dos demonios, que si osamos criticar la actitud de las organizaciones guerrilleras nos convertimos en poco menos que aliados de Videla, Massera y Agosti.
No mordamos el anzuelo, no dejemos bloquear el debate “demonisandolo”. Hubo terrorismo y terrorismo de estado y cada uno debe ser juzgado y valorado debidamente.
“Durante la década del 70` la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda...” así comienza el prólogo del NUNCA MAS para continuar más adelante y luego de reivindicar el combate al terrorismo llevado adelante en Italia contra las Brigadas Rojas indicando “No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”.
Creemos que no hay mucho mas para agregar, el horror del terrorismo de estado, no borra el accionar del otro terrorismo.
Reivindicamos por ello la decisión del presidente Alfonsín mandando a juzgar a los Comandantes de la Fuerzas Armadas responsables del terrorismo de estado y a los líderes de las organizaciones guerrilleras.
Es caer en una trampa aceptar que por esto se está poniendo en un plano de igualdad a los responsables del terrorismo de estado con los líderes terroristas.
El terrorismo de estado es ética y moralmente más repugnante que cualquier otra clase de violencia, pero entonces, ¿Qué hacemos?, ¿Liberamos de todo juzgamiento a los Firmenich, Perdía, etc?
Frente al argumento de algunos periodistas que califican como “partisanos” a los guerrilleros setentistas, recordemos que durante los años 73/76 combatieron con los métodos por todos conocidos al gobierno surgido de la voluntad popular, gobierno que en el caso de los Montoneros ellos mismos habían elegido, y coadyuvaron a crear el clima previo al golpe de estado.
Democracia o dictadura
Todas las victimas del terrorismo merecen nuestro respeto sin importarnos su pertenencia ideológica.
Con algunos de ellos nos unían lazos de entrañable amistad amén de una militancia común y con otros nos distanciaba un abismo ideológico.
No calificamos a las victimas del terrorismo de estado más que como tales, aunque sabemos que la inmensa mayoría fueron militantes populares también hubo victimas del terrorismo de estado producto de ajustes de cuentas entre los propios dictadores: los casos de Hidalgo Solá, Edgardo Sajón y otros cuantos dan fe de ello. Todos ellos merecen nuestro recuerdo, porque lo último que podríamos hacer es reivindicar a las víctimas por afinidad política, nos estaríamos aproximando moralmente a los terroristas de estado.
Hemos tenido en los últimos tiempos, oportunidad de mantener reuniones con jóvenes, casi adolescentes que poco o nada saben de la violencia de los años 70. Es nuestra responsabilidad mantener viva la memoria sobre el terrorismo de estado y en este sentido el radicalismo debe ser protagonista y al mismo tiempo echar un manto de luz sobre las diferentes expresiones políticas de aquellos años.
Hubo una gran línea divisoria. De un lado los que con profundas diferencias adscribíamos al sistema democrático.
Del otro lado quienes sostenían que el sistema democrático estaba agotado y que la instalación de una dictadura militar aceleraría la toma de conciencia revolucionaria del pueblo. Esta tesis era sostenida por unos en el terreno teórico, por otros en el terreno de la lucha armada.
En un lado y otro había militantes políticos, sociales, obreros, religiosos, estudiantiles e intelectuales que nutrieron mayoritariamente la lista de muertos y desaparecidos victimas del terrorismo de estado.
No era posible escuchar en aquellos grupos que abrazaron la lucha armada la más mínima reivindicación de los derechos humanos, ni que hablar del sistema democrático o la “europeizante” socialdemocracia; quien osara tamaña tropelía sería catalogado de “liberal-burgués” o miembro de la “partidocracia-liberal” categorías próximas a la traición a la patria en la escala de valores montonera.
Con honestidad intelectual lo ha dicho Beatriz Sarlo “sé que la idea misma de “derechos humanos” me era completamente ajena”.
Lúcidamente Claudia Hilb, parte de aquella generación setentista, ha reflexionado que “…hacer del gobierno de Kirchner el triunfo de la generación de los ’70 es ahorrarse la tarea de asumir la responsabilidad –la nuestra- por aquello que vino después. Siempre he creído que una de las tareas ineludibles de nuestra generación es la de lograr dar cuenta de su propia responsabilidad en el advenimiento del horror de la dictadura militar en 1976”.
“…Recordando la deriva creciente de aquellas organizaciones políticas armadas hacia la acción terrorista, debemos preguntarnos cómo se produjo en nosotros el tránsito de la exaltación de valores originariamente de cuño humanista –libertad, igualdad, justicia- hacia la sumisión a valores ligados a las virtudes militares –coraje, disciplina, orden.”
“…Parece bastante seguro que hace treinta años aquellos jóvenes de la generación del ’70 habríamos mirado un gobierno como el del Presidente Kirchner con mucho escepticismo. Es probable, incluso, que habríamos considerado oportuno presionarlo de múltiples maneras, incluso de maneras ilegales y violentas, a fin de contribuir a su radicalización.”
Esa violencia, entonces, que algunos pretenden idealizar, ¿Es digna de ser idealizada?, a treinta años ¿no habrá llegado la hora de poner las cosas en su lugar?
“¡oy, oy, oy, que contento que estoy…
… viva los Montoneros que mataron a Mor Roig!”, gritaban varias centenas de militantes de la JUP ante el asesinato del ex ministro del interior. Sectores de la propia JP confesaban que el “operativo” había sido para “tirarle” el cadáver a la conducción de la “orga”.
“En La Plata hay un cine que no tiene boletero, porque le dieron el vuelto los comandos Montoneros” entonaban algunos miles en los jardines de la Universidad Nacional de La Plata cuando un comando acribilló a balazos a un militante de la Concentración Nacional Universitaria que trabajaba como boletero del Cine 8 ubicado frente a la parte posterior de la Legislatura. Por la noche la CNU mataba a Pierini, Chávez (padre e hijo) y Macor, todos ellos militantes de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo.
Sería interminable la lista de episodios por el estilo, simplemente estos para recordar. Basta. Esto no es de ninguna manera reivindicable. Es condenable.
A más de veinte años de democracia nadie se animaría hoy a avalar la violación de los derechos humanos, la alteración del estado de derecho o plantear la inconveniencia de preservar el sistema democrático, más allá de las carencias que nuestra democracia padece.
En buena hora. Es un avance cualitativo como pueblo. En más de veinte años hemos sobrellevado crisis que en otros momentos hubieran derivado en rupturas institucionales.
Saludamos la anulación de las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y los indultos menemistas, pero –reiteramos- se sobreactúa en otros casos, como el descuelgue de dos cuadros en el Liceo Militar.
Creemos que algunas de estas sobreactuaciones en las máximas esferas del poder, obedecen a un sentimiento de culpa por no haber hecho nada o por lo menos no todo lo posible en la defensa de los derechos humanos.
Y por último reivindicamos, y es necesario volver a decirlo con fuerza en todos los ámbitos, la creación de la CONADEP y el Juicio a las Juntas.
No por repetido deja ser necesario a veces recordar algunas experiencias. Muchos tratan de minimizar lo que significaron estos hechos históricos protagonizados por el gobierno de Raúl Alfonsín.
Un gobierno que surge de la voluntad popular, recibe el gobierno de quienes hasta ese momento detentaban la suma del poder público.
Se desemboca en el proceso electoral luego de la derrota de Malvinas, no hubo una transición acordada, aunque la dictadura lo intentó, los hecho precipitaron la salida electoral.
El candidato del peronismo, partido favorito para triunfar en esas elecciones, Italo Luder, sostenía que la ley de autoamnistía dictada por la dictadura militar antes del retiro era válida y no podía anularse, lo que imposibilitaba toda posibilidad de juzgamiento a los responsables del terrorismo de estado. Así lo sostuvo el peronismo en su conjunto. No se recuerdan voces alzadas desde ese partido reclamando juzgamiento a los responsables del terrorismo de estado.
Se realizan las elecciones, triunfa la Unión Cívica Radical con Raúl Alfonsín. El radicalismo logra mayoría en la Cámara de Diputados, no así en el Senado donde el peronismo la obtiene.
La política de derechos humanos del gobierno democrático
Coherente con el fuerte compromiso con los derechos humanos asumido durante la pasada campaña electoral, el gobierno del presidente Raúl Alfonsín a pocas horas de haber asumido, más precisamente el 13 de Diciembre, convocó al Congreso a sesiones extraordinarias y envió un conjunto de leyes vinculadas a esa cuestión:
Derogación de la ley de autoamnistía dictada por los militares consagrando la impunidad para los represores. [repetimos, el candidato presidencial justicialista se había comprometido a respetarla]
Equiparación de la tortura al homicidio.
Modificación del Código de Justicia Militar limitando la competencia de los tribunales militares, estableciendo apelación ante la Cámara Federal
Defensa del orden constitucional y de la vida democrática.
Ratificación de la Convención Americana sobre Derechos Humanos [Pacto de San José de Costa Rica].
Reducción de pena a los detenidos durante el gobierno de facto.
Modificación del Código de Procedimiento en materia Penal estableciendo que los fallos de los tribunales militares puedan ser apelados ante la justicia civil.
Modificación del Código Penal en materia de condena condicional y reincidencia derogando normas inconciliables con el orden constitucional.
Modificación del Código de Procedimiento en materia Penal sobre excarcelación.
Simultáneamente se ordenó el juzgamiento de los miembros de las juntas militares [decreto 153/83] y los principales líderes de las organizaciones guerrilleras [decreto 157/83]. Al mismo tiempo se constituyó por decreto 187/83 la CONADEP [Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas].
El Senado con mayoría peronista decide no integrarla. Por el contrario la Cámara de Diputados integra la Comisión. El único partido que nomina sus representantes es la UCR. Los diputados Horacio Huarte, Hugo Piucill y Santiago López son sus integrantes. Ni el Partido Justicialista, ni el Partido Intransigente, ni Augusto Conte Mc Donald de la Democracia Cristiana y conspicuo militante de los derechos humanos la integran. Solo el radicalismo.
Pero además recordemos que varias voces “progresistas” se alzaron criticando a la CONADEP porque no investigaría a fondo.
A modo de recuerdo digamos que el Partido Comunista en aquella elección apoyó al candidato a gobernador bonaerense por el peronismo, Herminio Iglesias [aquel que quemara un féretro con los colores del radicalismo en un acto] y que durante buena parte de la dictadura apoyó a Videla con la excusa de frenar el “Pinochetazo”.
Así tuvieron que enfrentar el presidente Raúl Alfonsín y la Unión Cívica Radical el juzgamiento del terrorismo de estado en los primeros momentos de la transición democrática.
Este era el panorama en aquellos años. Videla, Massera, Agosti y Cia. no eran los viejos octogenarios de hoy.
Recordemos que el anterior gobierno democrático, surgido de las elecciones de 1973, con un poder político mayor aún al del 83. Gobierno venerado por algunos feroces críticos del gobierno radical como Verbitsky y Bonasso, hoy devenidos en fervientes defensores de los derechos humanos no fue capaz de juzgar nadie.
Ni siquiera a los responsables de los fusilamientos de la Base Almirante Zar de Trelew sucedidos el 22 de Agosto de 1972 donde sus propios compañeros fueron las víctimas. Todavía esperamos la verdad sobre lo sucedido en Ezeiza el 20 de junio de 1973 con la llegada del Gral. Perón.
Dos razones pueden justificar esta actitud, las dos con iguales posibilidades de ser ciertas.
O no tuvieron la decisión y el coraje que tuvo el gobierno del 83 o su escasa convicción democrática los llevó a pensar que estas cuentas se saldaban en otro terreno, que no era precisamente el de los tribunales en el marco del estado de derecho.
Desde el radicalismo tenemos que reivindicar nuestra militancia en este campo con la misma convicción y orgullo con que lo hicimos durante toda nuestra vida Estos son los valores que nos han dado identidad durante más de un siglo y serán los que volverán a poner al radicalismo en la consideración popular.-
Julio 2007.
[*] Diputado de la Nación.
UCR Pcia. Buenos Aires
Beatriz Sarlo. “Nunca más el discurso único”. Página 12, 28 de marzo de 2004.
Claudia Hilb. “Sobre herederos y herencias: ¿cuáles setentas?”. Revista Debate, 6 de junio 2003
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